Esta idea procede de los chicos de Graffitti Research Lab, grupo que se dedica a el desarrollo del arte urbano desde otro punto de vista (más tecnológico).
Se consiguen graffitis del tamaño de un edificio que se pueden borrar en un abrir y cerrar de ojos.
Para ello han utilizado un código abierto en lenguaje C++, un ordenador portátil, un láser de 60 milivatios, un proyector DLP de 5.000 lumens y una cámara de astronomía.
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