Según parece, la frase "estar en Babia" (estar como ausente o ajeno a lo que sucede en torno a uno mismo) procede de que los reyes de León gustaban, como gente fina que eran, de pasar largas temporadas de verano en Babia, cuando todavía los duques de Luna no habían fijado allí su puesto de mando para expoliar al país. -'Parece que el rey no me escucha', decía el noble. Es la forma de ensalzar la belleza de unos paisajes que dejaban prendido al rey, incluso lejos de ellos.
Babia era una región placentera, bien abastada, bien comunicada, guardada por gente pacífica e hidalga y leal al Rey.
Como buenos cazaderos de osos, corzos y jabalíes, Ordoños, Ramiros, Alfonsos y Fernandos se encerraban en Babia muchas veces, huyendo de las intrigas de la Corte y de las ambiciones de nobles y prelados empeñados en instaurar la modalidad feudal.
A veces, los fieles súbditos leoneses echaban de menos a su monarca, ausente, mientras los intrigantes repetían: "El rey está en Babia". Y con esto daban a entender que Su Alteza no quería saber nada de nada.
Desde entonces, "estar en Babia" se dice de un estado psicológico que está entre él "dolce far niente" y el "no quiero saber nada".
Otra acepción sería cuando el rey regresaba a la Corte , después de un largo período de estancia en Babia, dedicado al descanso, a la caza y la contemplación de unos paisajes excepcionales, los nobles del reino acudían a exponerle sus problemas y proyectos. El rey, sentado en su trono, parecía estar ausente. El señor o el noble continuaba con su exposición y, viendo que el rey ni asentía ni disentía, acudía a la ayuda del secretario:
-'Está en Babia', respondía el secretario.
Porque Babia existe.
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